Comunícate mejor: habla en público sin que te dé un ataque de nervios

Añade el perfil de speaker a tus habilidades y amplía tus oportunidades

Comunícate mejor: habla en público sin que te dé un ataque de nervios Añade el perfil de speaker a tus habilidades y amplía tus oportunidades

No eres la protagonista de esta historia

Hablar en público es una actividad de alto impacto que reporta muchos beneficios, tanto empresariales como personales. O también puede ser un desastre y una experiencia horrorosa por la que no quieras volver a pasar.

La principal diferencia entre una y otra situación la determina básicamente la audiencia. Ellos son los protagonistas de esta experiencia, no la persona que habla.

Nancy Duarte, experta en presentaciones y oradora, lo explica de forma muy amena en su libro Resonate. Según ella, esta es la estructura básica de una historia:

– Empieza con un héroe que tiene un deseo

– Que se encuentra obstáculos contra los que lucha

– Y surge transformado al final

Aquí es donde mucha gente se equivoca al hablar en público. Siguen este esquema:

– Soy la heroína y mi deseo es hacer llegar un mensaje

– Me preparo muy bien, me aseguro la asistencia de mis clientes potenciales, me apunto a un curso para no quedarme en blanco que me enseña las últimas técnicas de respiración y vocalización

– Hago la presentación y surjo… decepcionada y frustrada, ha ido fatal. Cero conexión.

¿Por qué? Porque lo he hecho al revés.

Yo no soy la heroína, no soy la protagonista ahora, lo es la gente que me escucha. Solo soy una mentora que les debe guiar a lo largo de la historia que cuento.

La clave para comunicarte de forma eficaz es centrarte absoluta y constantemente en tu audiencia. Sea de una persona o de miles.

El esquema correcto es el siguiente:

– Mi audiencia, mis héroes, tienen un deseo

– Mi audiencia, gracias a mi presentación, visualiza cómo puede lograr que se cumpla

– Mi audiencia, al final, surge transformada porque me ha acompañado en la exposición y les he inspirado para dar el paso que quiero que den.

Todo cambia si lo enfocas así.

He hecho presentaciones en las que me preocupaba tener todo controlado, estar a la altura, no pasarme de tiempo, que el power point fuera perfecto, que la ropa fuera adecuada… y he pensado muy poco en los deseos y necesidades de mi audiencia.

Así he destrozado mis posibilidades de establecer una verdadera comunicación con el público. Y el resultado ha sido pobre.

Por otra parte, cuando he aplicado los pasos descritos más arriba, siendo la mentora de los que me escuchan, guiándolos para reconocer sus deseos y mostrándoles cómo pueden conseguirlos, la experiencia es completamente distinta. Gratificante y con un resultado increíble.

No dejes que los nervios te impidan hablar en público

María es una de mis primas. Le gustaba tanto la idea de hablar en público desde que aprendió a hablar que, con cuatro años, usaba una banqueta imitando un atril móvil y nos perseguía a los niños más mayores jugando a darnos una charla. Nosotros jugábamos a evitarla. Ahora nos reímos cada vez que lo recordamos.

María sigue teniendo que hablar en público por su trabajo. Pero ahora ya no es un juego y se pone nerviosa. Ella y todo el mundo.

Ponerse nervioso es normal cuando se habla en público. Les pasa a todos, incluso a oradores profesionales.

Aunque leer esto no sea un consuelo si el miedo escénico te provoca taquicardia solo con pensar en hablar a un grupo de personas. Por eso comparto contigo unos consejos que me ayudan a bajar al mínimo los nervios y el miedo cuando hago presentaciones en público:

  1. Las desagradables manifestaciones físicas de los nervios

Algunas de ellas: sudar, temblar, voz quebrada, estómago revuelto, ganas de salir corriendo, de llorar, de reír, bloqueo mental y físico, taquicardia, zumbido en los oídos…

¿Quién quiere pasar por eso? Nadie voluntariamente. Sin embargo el cuerpo se defiende de lo que cree que es una amenaza y reacciona de forma “escandalosa”.

Puedes contrarrestarlo:

  • Usando ropa cómoda. Intenta no tener que elegir entre estar guapa y estar cómoda. Pero si es el caso, escoge la segunda.
  • Haciendo deporte antes de la presentación. El que quieras, preferiblemente aeróbico por las famosas endorfinas.
  • En yoga se inspira y espira por la nariz. A mí me funciona hacer varias inspiraciones profundas de ese tipo cerrando los ojos.
  • Si estás temblando intenta no tener nada en las manos o asirlo de forma muy suave.
  • Relajándote antes y durante. Rompe el vínculo entre hablar en público y nervios. Piensa en ti dirigiendo una presentación y asóciale pensamientos de bienestar, de triunfo, de alegría.
  1. Un mensaje a la altura

No siempre puede elegir hablar de un tema que te inspire y motive. Pero sí debes presentarlo de la forma más inspiradora y motivadora que sepas.

Al hacerlo así te aseguras de que te guste y en ese momento te quitas de encima otros dos kilos de nervios y pánico.

  1. Sé justa contigo a la hora de exigirte

Si estás empezando a hablar en público sé consecuente y acepta que no te saldrá perfecto. No tienes recursos ni experiencia, así que ponte como objetivo que yo llamo, medio en broma, “una actuación digna”. Algo sencillo. Hazlo lo mejor que puedas y toma nota de lo que te ha gustado más y menos para futuras presentaciones.

  1. Práctica y más práctica

Decía Mark Twain: “Habitualmente, tardo más de tres semanas en preparar un buen discurso espontáneo”.

  1. Termina con la evitación

Cada vez que evitas hablar en público, sabiendo que es algo que quieres y puedes hacer, estás reforzando el miedo. La próxima vez que tengas oportunidad de hacerlo di que sí y empieza a afrontarlo.

  1. Recuerda que no eres la protagonista

Dejar el protagonismo a tu audiencia, además de lo que hemos comentado en el apartado anterior, te permite quitarte de encima parte de la carga. Sentirte como un vínculo entre el mensaje y tus oyentes es menos agobiante que vivirlo como “soy el centro de todas las miradas y las críticas”.

  1. Sonríe

Sobre todo al principio. Es cuando tu audiencia y tú más lo necesitáis. Y si puedes hacerles reír para romper el hielo y ganar confianza al ver cómo se relajan, mucho mejor.

Pon la guinda: habla en público como una experta

Supongo que conoces TED. Confieso que soy adicta. Y que ellos me parecen expertos.

Por eso no puedo acabar sin dejarte algunos consejos del libro “El método TED para hablar en público” de Jeremey Donovan.

  • No leas la ponencia
  • No memorices, sino recrea tu charla en un tono conversacional
  • Si decides usar la tecnología, no dejes nada al azar
  • Si es imprescindible que uses diapositivas, que sean sencillas y con poco texto.
  • Llega con tiempo
  • Practica al menos tres veces en un entorno crítico
  • Recuerda que el público quiere que la ponencia salga bien, mantén la calma

Ahora acompáñame un momento antes de terminar. Imagina que estamos en una sala, a un lado del escenario, y escuchamos cómo alguien te presenta como ponente. Dice tu nombre y una breve descripción de tu vida, de tu vida ideal si quieres.

Se gira, te mira, sonríe, hace un ademán de que te acerques al atril y mientras escuchas los aplausos de te dan la bienvenida. ¿Vas a decir que no? ¿Te atreves a hablar a tu audiencia?

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