¿Mujeres empresarias desesperadas? No, gracias.

¿Mujeres empresarias desesperadas? No, gracias.

Tengo que reconocer que no he seguido la serie ‘Mujeres Desesperadas’. Vi algunos capítulos y no me engancharon. No me identifico ni me interesa la vida de unas señoras que viven en un barrio residencial de los caros en EEUU. Lo que más me gusta es el título, porque define momentos en la vida de las mujeres en los que hemos perdido la esperanza. Con todo lo que eso significa: estar superadas por los acontecimientos, tener una pobre imagen de nosotras, pensar que hacemos mal las cosas.
Hoy te hablaré de las tres claves para recuperar la esperanza, para no ser una mujer empresaria desesperada.

1- El peor enemigo: tu zona de confort.

No me gusta llamarla así porque nos ha tocado vivir en una época en la que es imposible no tener que plantearse retos constantemente. En anteriores generaciones si tu padre era zapatero lo más probable es que tú heredadas la zapatería y siguieras con el negocio toda la vida. Seguramente no tendrías que plantearte si te unías a esa franquicia de zapaterías que estaba por toda la zona, o si te saldría mejor comprar el género en el extranjero. Tendrías tus clientes de toda la vida, podrías hacer una previsión económica bastante acertada para los siguientes diez años sin despeinarte y listo.
Por supuesto la desventaja estaría en el inmovilismo impuesto, no habría mucho lugar para innovar, de hecho la innovación no sería muy bien recibida en muchos casos.
Ahora lo que nos viene impuesto es que tenemos que estar en continuo movimiento. Todo va muy rápido y, hasta los negocios tradicionales con solera, deben tener su web y ofrecer servicios que hace unos años ni se conocían. Y quien se queda quieta no sale en la foto, al contrario de lo que se decía antes.
Esto nos obliga constantemente a salir de la zona de confort, a ampliarla y no nos suele gustar hacerlo. Como ya te he dicho, no me gusta llamarla así, prefiero ‘Zona de Hábito’ porque describe mejor lo que es hoy en día. Casi nunca estamos confortables en ella, más bien es a lo que estamos acostumbradas, nos guste más o menos.
Salir de tu zona de hábito (aka zona de confort) es lo mejor para ti. Es la única forma de ampliarla e incluir en ella nuevos hábitos que te permitan lograr tus objetivos, hábitos saludables que faciliten que te sientas realizada.

2-    Tu otro enemigo: saber lo que NO quieres pero no hacer el esfuerzo de definir qué quieres hacer.

¿Te resultan familiares algunas de estas frases?
–    No quiero tener que trabajar tantas horas para no llegar a fin de mes.
–    No quiero que mis clientes me traten como si fuera su esclava amenazando con que se van a ir a la primera ocasión.
–    No quiero que los que me rodean (pareja, amigos, hijos, familia, conocidos) den por sentado que solo valgo para hacer lo que estoy haciendo y critiquen mis proyectos de cambio.
–    No quiero salir de mi zona de confort por mal que esté en ella.
–    No quiero dejar pasar oportunidades de cambio en las que sé que podría sentirme realizada como empresaria y como persona.
Y podríamos seguir, ¿verdad? Has perdido la esperanza, te desesperas y dices No quiero.
Pero eso hay que ir más lejos. Tómate tu tiempo, coge papel y lápiz (o el ordenador) y sé valiente. Escribe lo que quieres, no te dejes nada por loco que parezca (hablaremos más a fondo de esto en mi Programa para Mujeres que no se Conforman, ya te contaré). Solo hay una condición para que funcione: escribe lo que quieres y que solo dependa de ti. Esto es muy importante.
En lugar de poner: ‘quiero ganar X euros al mes’ escribe lo que tú puedes y quieres hacer para llegar a conseguirlo. Por ejemplo:
–    Quiero terminar ese curso de Productividad porque me encanta pero lo he ido dejando
–    Quiero evaluar las áreas de mi empresa para saber cuál es más rentable
–    Quiero dedicarle media hora al día a lectura inspiradora
–    Quiero dejar por escrito mis cualidades para sacar adelante un nuevo proyecto
–    Quiero sanear mis cuentas y buscar alguna forma de financiación alternativa
–    Quiero detallar las fases de un nuevo proyecto para poder vivir mejor y sentirme realizada.
Así sin resumir, sin saltarte nada. Si lo haces con honestidad verás cómo tu nuevo proyecto toma forma y con él vamos cerrando la puerta a la desesperanza.

3-    Me quiero. Sí, como suena. Querer hacer tareas, mejorar con ellas tu vida, tu empresa, será difícil si no te quieres.

Valórate. Cree que sí puedes hacerlo. Confía en ti, en tu instinto, en tus conocimientos. Sé sincera y encuentra las áreas que debes mejorar, pide ayuda si lo necesitas (aquí estoy, por cierto).

No tienes por qué saberlo todo, no tienes por qué ser perfecta, puedes fallar y volver a levantarte, date permiso para ser más feliz y sacúdete de los hombros las toneladas de responsabilidades DE OTROS con las que has cargado por inercia o porque te las han puesto allí sin ninguna consideración.

No voy a mentirte, todos estos cambios no pasarán de la noche a la mañana. Llevan su tiempo. Y ese es el motivo de empezar con ellos cuanto antes. Tu proyecto de empresa, de vida, es posible. Da hoy el primer paso.
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